Historia Universal (Generalidades)

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DOSSIER Full Test pdf: Introducción a la Historia Universal

  1. La historia intelectual y el riesgo de las periodizaciones
  2. Compendio de Historia Universal
  3. Introducción a la Historia  (PDF del Texto cuarto curso de la Enseñanza Secundaria Obligatoria, España) 
  4. La enseñanza del tiempo histórico y las nuevas tecnologías  (PDF de articulo publicado en la Revista Histodidactica de la Universidad de Barcelona)

Full Text htlm: Introducción a la Historia Universal

1. La historia intelectual y el riesgo de las periodizaciones

José Carlos Chiaramonte

Universidad de Buenos Aires / CONICET

El desarrollo de los estudios históricos a partir del siglo XIX muestra algunos rasgos semejantes a los existentes en las ciencias de la naturaleza, entre ellos, los velados nexos de ciertas categorías de las ciencias naturales con el recurso interpretativo de la periodización histórica. El concepto científico-natural de una evolución dividida en segmentos, segmentos que poseerían una homogeneidad distintiva y, consiguientemente, el procedimiento de la clasificación1 de los fenómenos según esos segmentos como base de la labor científica, puede encontrarse también en la Historia, a partir de la emergencia de una forma particular de historicismo en la primera mitad del siglo XIX, en un conjunto de autores que se suele englobar en el llamado Romanticismo. En el campo de la Historia, ese historicismo continúa siendo el soporte, explícitamente o no, de las diversas formas de periodización y de las correspondientes interpretaciones globales del pasado.
Pero debido a los diversos significados atribuidos al concepto de historicismo, conviene aclarar que en este trabajo no lo enten
demos como la simple relación de un fenómeno histórico y su contexto, tal como, por ejemplo, lo entiende Bourdieu al criticar la ignorancia del contexto histórico por historiadores de la filosofía. Consecuentemente, Bourdieu aplica a esa postura el calificativo de antihistoricismo, en un parágrafo que lleva el sugestivo título-evidente crítica a Popper- de “La miseria del antihistoricismo”.2
Más allá de este concepto del historicismo, aquí nos interesa otro, aquel que refiere a una visión de la historia que sustituye una perspectiva generalizadora, tal como la que predominaba en el siglo XVIII, por otra individualizadora, por la cual el historiador es conducido a concebir cada evento, nación o época, como un único individuo, que evoluciona en un período de tiempo a través de sus propios medios internos y a través de interacción causal con otros desarrollos individuales. Algo así como lo observado por Fueter al señalar que los románticos “personifican conceptos tales como la nacionalidad, el derecho nacional, el arte nacional, la fe religiosa” y les hacen producir la historia.3
Es sugerente también la observación que sigue a las anteriores. Los románticos, escribía Fueter…

Tomaban las comunidades lingüísticas modernas, que llamaban nacionalidades, por magnitudes independientes que habían existido siempre y que habían influido en el desarrollo histórico. El genio del pueblo, pensaban, había hecho nacer constitución, derecho, arte y literatura…4

Con similar perspectiva y sintetizando lo más característico de ese historicismo, Raymond Aron lo consideraba una visión de la historia que la juzga dividida en épocas esencialmente distintas, lo que implica que las diversas manifestaciones de la actividad humana tengan un sello específico en cada época, distinto del de otras. Visión que contraponía a la de la Ilustración, que consideraba a la Historia como un continuo en cuanto a sus valores.5
La tendencia a individualizar y sustancializar fenómenos históricos colectivos indujo a adjudicar un carácter distintivo a los períodos históricos. De acuerdo a Troeltsch, para tal filosofía de la historia todo gira en torno del concepto de totalidades individuales, con los rasgos de originalidad y singularidad. Estas totalidades individuales pueden ser nacionalidades, estados, clases, gremios, tendencias culturales, hermandades religiosas, procesos complejos de todas clases, tales como revoluciones políticas o la revolución industrial, y también períodos de las civilizaciones.6 En tal perspectiva, ellas poseen una unidad de sentido inmanente. Los objetos de los historiadores son así pensados como totalidades individuales, tales como el 
Renacimiento, la Reforma, la Antigüedad, con su propia unidad de sentido. Una concepción, interpreta Troeltsch, que es fruto del romanticismo germano que dio al tratamiento de la historia un lugar de preeminencia en la cultura del siglo pasado.7

La inconsistencia de la periodización histórica

La tendencia a dividir la Historia en segmentos cronológicos es muy antigua y posee variadas manifestaciones, aunque el esfuerzo por elaborar las formas de periodización no haya estado por lo común acompañado por la discusión de su razón de ser. Lo habitual es simplemente postularlas, tal como lo hacía Ranke al escribir que en cada época de la humanidad se manifiesta “una gran tendencia dominante” y que ” […] independientemente de las grandes ideas inmutables y eternas, por ejemplo, de la idea moral, cada época tiene su tendencia específica y su ideal propio”.8
Pero pese a su uso casi universal entre los historiadores, la división de la Historia en períodos homogéneos no se sostiene por otra razón que no sea la aparente comodidad que ofrece al relato. Esto ha sido bien percibido por Huizinga, quien lo hace explícito en el largo título del parágrafo que dedica a este asunto:

La división de la historia en períodos, aunque indispensable, tiene un valor secundario, es siempre imprecisa y fluctuante y, hasta cierto punto, arbitraria. Lo más conveniente es designar las épocas por nombres incoloros tomados de cortes externos y fortuitos.9

Pero el análisis de Huizinga, y también de otros historiadores que han percibido la debilidad de las periodizaciones, termina diluyéndose en una postura que advierte su insuficiencia pero no puede renunciar a ellas. Y apela entonces a criterios ambiguos como el de no usar la periodización en forma rígida, ser flexible, “renunciar sabiamente a toda pretensión de exactitud”, manejarse con “moderación y prudencia”. Y en todo caso, el criterio de preferir como conceptos periodizadores los puramente cronológicos, que no entrañen definición conceptual.10
Las críticas a la insuficiencia, cuando no a la falsedad, de las periodizaciones abundan.11 Pero incluso en alguien como Benedetto Croce se desprende un dejo de ese poco teórico recurso a los criterios de “utilidad” práctica y de “flexibilidad” y “moderación” en el uso de la periodización.12
Un diagnóstico más severo, en cambio, fue hecho por Collingwood, criticando a los historiadores que suelen inventar, afirmaba,”un sistema de casilleros” que es “el origen de todos aquellos esquemas y estructuras”, ninguno de los cuales “tuvo jamás ningún valor científico”, en los que “la historia, con docilidad sorprendente, se ha dejado encajar”. Y precisa:

Aunque esta tendencia a acomodar el todo de la historia en un esquema único (no en un esquema simplemente cronológico, sino en un esquema cualitativo, en que los “períodos”-cada uno de los cuales tiene su carácter peculiar- se siguen unos a otros con arreglo a un patrón que puede ser necesario a priori, sobre una base lógica, o que quizás se nos hace evidente por el hecho de su frecuente repetición, o que acaso participa un poco de las dos circunstancias) lo encontramos incluso hasta el siglo XX y ya desde el XVIII…13

En cuanto a aquel oscilar entre la conciencia de la falsedad de las periodizaciones y la necesidad de su utilización, asoma también en un breve texto póstumo de Topolsky, basado en su interés por la construcción de narrativas históricas, y en el supuesto de que segmentos del pasado poseen coherencia interna. Arguye que esto proviene del realismo, metafísico, de los historiadores, que suponen que esa coherencia refleja la de la realidad, lo que está en desacuerdo con “la nueva concepción de la verdad”. Pero opina que esa postura no es enteramente falsa. El historiador no refleja el pasado sino que construye imágenes coherentes del mismo, basadas en fuentes. Se trata de la convicción, aduce, de que las creencias humanas son conjuntos intelectuales más o menos coherentes basados en la convicción de la existencia real de elementos interdependientes. Lo que lleva a otra asunción complementaria, la del cambio, que, conectada con la del paso del tiempo, lleva a las narrativas históricas a la periodización, esto es, a su división en segmentos temporales.14
La validez de la periodización histórica-que ha sido con razón juzgada negativamente por autores como los reseñados-, persiste sin embargo pese a las continuas inco
herencias a las que conduce. Porque, ¿cómo conciliar, por ejemplo, la noción habitual de la contraposición de Ilustración y Romanticismo con la admiración de Hegel hacia El sobrino de Rameau de Diderot?15 ¿O, la concepción de períodos históricos sustancialmente distintos con la persistencia del derecho romano a lo largo de la historia, o con la noción de los derechos del hombre, presente en el derecho natural escolástico, en el curso de las revoluciones del siglo XVIII y hasta en los días que corren? Algo similar podríamos aducir, por ejemplo, acerca del caso de las libertades inglesas, surgidas en contexto estamental medieval e influyenes aún en contexto revolucionario en el siglo XVIII. O del contractualismo, que sería, a la vez, medieval, “moderno tradicional” y revolucionario dieciochesco. O, dentro del contractualismo, del pacto de sujeción y su concepto de posible retroversión del poder, favorable al absolutismo o al “populismo” neoescolástico, o al democratismo dieciochesco. Y así, podrían sucederse cantidad de ejemplos similares, entre ellos, el que suscita el problema de la incongruencia de cómo conciliar una concepción de diversas sensibilidades históricas con la valoración de expresiones literarias y artísticas del pasado por quienes viven en tiempos distintos.
Por otra parte, las cosas empeoran cuando utilizamos los conceptos periodizadores sin advertir lo que suponen en cuanto tales. Como ocurre, por ejemplo, con el actual desmedido empleo del concepto de Modernidad. Un concepto de suma indefinición, generalmente una referencia vaga, que designa lo reciente frente a lo anterior, inconsistente, pues varía con el sucederse de los períodos o corrientes: el Romanticismo es lo moderno 
frente a la Ilustración, ésta es lo moderno frente al cartesianismo, éste frente a la escolástica… Y, por otra parte, no puede dar cuenta de uno de los fenómenos históricos más frecuentes y más importantes para la labor del historiador, lo que con términos inadecuados hemos solido denominar como “eclecticismo” o “mezcla” de lo tradicional y lo moderno, tal como se da en el siglo XVIII con los casos del jansenismo y del galicanismo. François-Xavier Guerra, por ejemplo, asumía este instrumento taxonómico para

arriesgarse a definir lo que sería en un cierto momento, l’air du temps, esa impalpable y efímera combinación de ideas, imágenes, pasiones y juicios de valor de los múltiples actores de un país en una época determinada.

Ese esquematismo periodizador lo aplicaba al concepto de nación en el período, asumiendo un solo y mismo sujeto, la nación, y dos concepciones de la misma: la antigua y la moderna.

[…] la nación, tal como se concibe a finales del siglo XVIII, estaba aún lejos de la nación moderna tal como se concebirá precisamente después de la revolución. Uno de los puntos claves de la mutación cultural y política de la Modernidad se encuentra esencialmente ahí: en el tránsito de la concepción antigua de nación a la de nación moderna.16

Al sostener que el concepto de “eclecticismo” respecto de la conjunción de rasgos “tradicionales”y “modernos” es inadecuado, me refiero justamente a que la parcela espacial y temporal que estudiamos no puede ser considerada inconsistente o malformada por el hecho de no ajustarse a alguno de los patrones historiográficos que con afán periodizador y clasificatorio hemos construido. Gran parte del siglo XVIII español e hispanoamericano no se ajusta a los conceptos de “tradicional” o “moderno”, ni al de “escolástica” o “Ilustración”. Lo que hemos llamado “Ilustración española”, “Ilustración hispanoamericana”, o aún, buscando dar cuenta de lo atípico del fenómeno, “Ilustración católica”, es en realidad un conjunto de tendencias reformistas que abreva en fuentes tan dispares como la tradición conciliar del catolicismo, el episcopalismo católico, el jansenismo, y también en autores de lo que hemos denominado Ilustración europea. Se trata del tributo que hemos pagado, incluyéndome en esto, a

[…] una voluntad periodificadora, maquinalmente clasificatoria, que hace al concepto general de Ilustración, acuñado para designar una etapa cultural de otros países europeos, un clasificador poco funcional para la particular naturaleza de la vida cultural ibérica del período.17

***

Me parece entonces que lo aconsejable sería abandonar los supuestos que hacen posible la tendencia que criticamos. Esto es, una división del continuo de la historia en segmentos diferenciados a partir de un rasgo o de un conjunto de rasgos que le otorgarían carácter distintivo, de manera que el hallazgo de uno de esos rasgos pueda ser computado como indicador de la vigencia del período dado, o en todo caso como “anticipación” de su próxima vigencia. Y reemplazarlos por otro criterio, partiendo de que buena parte de los grandes conceptos elaborados en el curso de la historia reaparecen en épocas diversas, de manera que su eficacia histórica no la da su “naturaleza” sino la coyuntura en que se encuentran. Es decir, que no existe una relación necesaria y privativa entre una idea, doctrina o corriente artística, y una época histórica. Esto es, que una misma idea que comprobamos existente en el siglo XVII y luego la hallamos también antes, en el siglo XIII, no es “moderna” o “tradicional” en sí, sino que es función de sus circunstancias históricas y del distinto uso que entonces se haga de la misma. Lo que, en conclusión, hace de la labor del historiador una empresa algo más compleja que la que estamos acostumbrados. ?

Notas

1 Si bien en la actual sistemática clasificación designa la elaboración de taxones mientras lo que habitualmente llamamos clasificación recibe el nombre de determinación, seguiremos utilizando clasificación en el sentido habitual.

2 Pierre Bourdieu, Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo literario, Barcelona, Anagrama, 1995, pp. 449 y 451.         [ Links ]

3 Fueter (ed.), Historia de la Historiografía Moderna, Buenos Aires, Nova, 19, 2 vols., vol. II, p. 94.         [ Links ]

4 Fueter (ed.), Historia de la Historiografí…,cit., p. 96.

5 Raymond Aron, Lecciones sobre la historia, Cursos del Collège de France, México, FCE, 1996, p. 32.         [ Links ]

6 Eugene W. Lyman, “Ernst Troeltsch’s Philosophy of History”, The Philosophical Review, vol. XLI, No. 5 septiembre de 1932, Whole Number 245,p. 449.         [ Links ]

7 Ibid., pp. 450 y 463.

8 Leopold von Ranke, “Sobre las épocas en la historia”, en Pueblos y Estados en la historia moderna, México, FCE, 1941, pp. 58 y 59.         [ Links ]

9 Johan Huizinga, El concepto de la historia y otros ensayos, México, FCE, 1980.         [ Links ]

10 Johan Huizinga, El concepto…, cit., pp. 74 y 81.

11 Véase un repertorio de tales críticas en un texto de 1925 que centra su interés en el concepto de Edad Media: H. Spangenberg, “Los períodos de la Historia Universal”, Revista de Occidente, t. X, 1925, Nos. XXIX y XXX, 1925-1926.         [ Links ] Sobre la historia de ese concepto, de asidua presencia en las discusiones sobre periodización, véase un trabajo más reciente: Giuseppe Sergi, La idea de Edad Media. Entre el sentido común y la práctica historiográfica, Barcelona, Crítica, 2000,         [ Links ] que también es algo distante respecto de la legitimidad de las periodizaciones y en el que asimismo se advierte esa contradicción ente la conciencia de una falsedad de la periodización y la imposibilidad de abandonarla.

12 B. Croce, La historia como hazaña de la libertad, México, FCE, 1960, 2ª ed., pp. 271 y 272        [ Links ]

.13 R. G. Collingwood, Idea de la Historia, México, FCE, 1965, 2ª ed., p. 256.         [ Links ]

14 Jerzy Topolsky, “Periodization and the creation of the narrative wholes”, Storia della Storiografia, 37, 2000, p. 12        [ Links ]

15 La Fenomenología del Espíritu de Hegel, escribe Furbank, se puede leer como un comentario a El sobrino de Rameau. P. N. Furbank, Diderot, Biografía crítica, Barcelona, Emecé, 1994, p. 263.         [ Links ]

16 François-Xavier Guerra, Modernidad e independencias, Ensayo sobre las revoluciones hispánicas, México, Mapfre/Fondo de Cultura Económica, 1992, pp. 16 y ss., y 319.         [ Links ]

17 José Carlos Chiaramonte, “El pensamiento político y la reformulación de los modelos”, cap. 21 de UNESCO, Historia General de América Latina, vol. IV: Procesos americanos hacia la redefinición colonial, París, Trotta, 2000, p. 475.         [ Links ]

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CUADRO CRONOLÓGICO DE HISTORIA UNIVERSAL
EDAD
CRONOLOGÍA
SUCESOS HISTÓRICOS

PREHISTORIA

2,5 millones de años. – 3500 a.C.
Edad de Piedra.
Paleolítico.
Mesolítico.
Neolítico.
Edad de los Metales.
Edad de Cobre.
Edad de Bronce.
Edad de Hierro.

EDAD ANTIGUA

3500 a.C. – 476 d.C.
Cultura Mesopotamia.
Cultura Fenicia.
Cultura Egipto.
Cultura Griega.
Cultura Macedonia.
Cultura China.
Cultura India.
Cultura Hebrea.
Cultura Romana.

EDAD MEDIA

476 d.C. – 1453 d.C.
Surgimiento de la Iglesia Católica.
Imperio Bizantino.
Pueblos Bárbaros.
Imperio Carolingio.
Islamismo.
Las Cruzadas.

EDAD MODERNA

1453 d.C – 1789 d.C
Humanismo.
Renacimiento.
Reforma.
Contrarreforma.
Monarquías europeas.
Viajes de exploración.
Grandes descubrimientos geográficos.
Descubrimiento de América.
Capitalismo.
EDAD CONTEMPORÁNEA
1789 d.C. – Actualidad
Revolución Francesa.
Era Napoleónica.
Revolución Industrial.
Unificación de Italia y Alemania.
Primera Guerra Mundial.
Revolución Mexicana.
Revolución Rusa (1917)
Gran Depresión (1929)
Nazismo y Fascismo.
Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945)
Guerra Fría (1947 – 1991)
Revolución China (1949)
Descolonización: India, Argelia.
Conflicto Árabe – Israelí.
Revolución Cubana (1953 – 1959)
Guerra de Vietnam (1955 – 1975)
Primera Guerra de Afganistán (1978 – 1992)
Reunificación de Alemania (1989 – 1990)
Caída del Bloque Oriental.
Desintegración de la URSS (1990 – 1991)
Desintegración de Yugoslavia (1991 – 2006)
Primera Guerra de Chechenia (1994 – 1996)
Segunda Guerra Chechena (1999-2009)
Guerra del Golfo (1990 – 1991)
Ataques del 11 de Setiembre (2001)
❋ Tabla N° 1: Cuadro Cronológico de Historia Universal / Elaborada por Carpetapedagogica.com

❋ Cíta: Carpetapedagogica.com (2017). “Cuadro Cronológico de Historia Universal“.


2. Compendio de Historia Universal. Texto Completo (PDF)

(NOTA:acceso mediante enlace a cada Libro. Obra total en renglón superior a esta nota)

Índice

Rudimentos
Libro I
1. -Los orígenes
Libro II
2. -El Asia
3. -Los Hebreos
4. -La India
5. -El Egipto
6. -Los Fenicios
Libro III
7. -Los Persas
8. -Grecia. Las religiones
9. -Grecia en la Guerra Meda
10. -Grandeza de Atenas
11. -Primacía de Esparta
12. -Los Macedonios. Filipo y Alejandro
13. -Las letras, las artes y las ciencias en Grecia
14. -Filosofía griega
15. -Ciencias griegas
16. -Los sucesores de Alejandro
17. -Los Seleucos en Siria
18. -Tolomeos en Egipto
19. -La Grecia bajo los Macedonios. Las ligas
Libro IV
20. -Italia. Sus primeros habitantes
21. -Magna Grecia y Sicilia
22. -El Lacio. Orígenes de Roma
23. -Los Galos
24. -Edad heroica de Roma
25. -Magna Grecia
26. -Primera y segunda guerra Púnica
27. -Guerras de Roma en Europa y Asia
28. -Últimos sucesores de Alejandro. Los Hebreos
29. -Tercera guerra Púnica
30. -La España. Pérgamo. Conquistas exteriores de Roma
31. -Literatura griega en decadencia
32. -Artes y ciencias
33. -Filosofía
34. -Civilización de los Romanos
35. -La China
36. -Constitución y cultura de los Chinos
Libro V
37. -Constitución y economía de Roma
38. -Leyes agrarias. Los Gracos
39. -Los esclavos
40. -Guerras exteriores. Los Cimbros. Mario
41. -Guerra social. Sila
42. -Reinos asiáticos. Mitridates. Mario y Sila
43. -Pompeyo. Sertorio. Fin de Mitridates
44. -Gladiadores. Piratas. Creta
45. -Pompeyo. Los caballeros. Verres. Catón. Craso. César
46. -Condición de la Italia. Catilina
47. -Primer triunvirato. César en las Galias
48. -Roma durante el primer triunvirato. Los partos
49. -Segunda guerra civil
50. -Asesinos y vengadores de César
51. -Augusto
52. -Cultura romana
53. -La India. Época de Vicramaditia
Libro VI
54. -El Imperio Romano
55. -Los doce Césares
56.- Guerras del imperio
57.- Costumbres del Imperio
58.- Cristo
59.- Nerva, Trajano, Adriano, los Antoninos
60.- Condición del Imperio
61.- Filosofía, ciencias y letras bajo los emperadores
62.- Literatura latina y griega
63.- Desde Cómodo a Constantino
64.- Edad heroica del cristianismo
65.- Paz y constitución de la iglesia
66.- Filosofía profana y religiosa
67.- Literatura y artes
Libro VII
68.- Los invasores del Imperio
69.- Constantino
70.- Constitución del Bajo Imperio
71.- Hijos de Constantino. Juliano Apóstata. Cuestiones religiosas
72.- De Valentiniano hasta Teodosio
73.- División del Imperio. Honorio
74.- Arcadio. Aecio. Atila
75.- Últimos emperadores de Occidente
76.- La Iglesia
77.- Literatura de los últimos tiempos romanos
78.- Ciencias. Bellas Artes
Libro VIII
79.- Edad Media
80.- Estado del mundo
81.- Imperio de oriente. Justiniano
82.- Los códigos
83.- Justino II. Heraclio
84.- Los Bárbaros en Italia. Teodorico
85.- Los Longobardos
86.- Los Francos
87.- Los Visigodos en España
88.- Inglaterra e Irlanda. Anglo-Sajones
89.- Condición de los Bárbaros
90.- La República cristiana
91.- Doctrinas profanas. La lengua
Libro IX
92.- La Arabia
93.- Mahoma
94.- El Corán
95.- Primeros Califas
96.- Los Árabes en España. Califato de Córdoba
97.- Imperio Griego. Los Heraclidas. Los Isáuricos
98.- Los Francos. Mayordomos de palacio
99.- Italia. Los papas. Los Longobardos. Pepino
100.- Carlomagno
101.- Letras y artes
102.- China. El Tíbet
Libro X
103.- Los Carlovingios
104.- Los Carlovingios en Francia (840-888)
105.- Incursiones de los Sarracenos
106.- Normandos
107.- Los Normandos en Francia y en Inglaterra
108.- Los Normandos en Italia
109.- Los Eslavos
110.- Los Normandos y los Eslavos en Rusia
111.- Los Húngaros
112.- Fin de los Carlovingios. Los Capetos
113.- El feudalismo
114.- Italia bajo los Carlovingios
115.- Reino de Germania. Otón el Grande. Los Italianos
116.- Estado de la Italia
117.- Los Otones. Casa de Franconia
118.- La Iglesia
119.- Gregorio VII
120.- Imperio de Oriente. Cisma griego
121.- España. El Cid
122.- Imperio árabe
123.- Los Turcos. La India
124.- Cultura de los musulmanes
125.- Letras y ciencias en la cristiandad
Libro XI
126.- Las Cruzadas
127.- Mahometanos y cristianos en Palestina
128.- Caballería. Órdenes militares
129.- Escudos, divisas, emblemas, apellidos
130.- Torneos, cortes de amor, gaya ciencia, diversiones
131.- Los Trovadores
132.- Segunda y tercera Cruzada
133.- Mejoramiento del pueblo
134.- Los Comunes
135.- El imperio. Guerra de las Investiduras
136.- Otros emperadores. Barbarroja
137.- Sicilia. Fin de los Normandos
138.- Francia
139.- Inglaterra. Los Plantagenet
140.- Las doctrinas
Libro XII
141.- Repúblicas italianas
142.- Enrique VI e Inocencio III
143.- Federico II
144.- Cruzadas cuarta, quinta y sexta
145.- Herejías. Los Albigenses. Nuevos frailes
146.- Grande interregno. Fin de los Suevos y de la Guerra de las
Investiduras
147.- Grandeza de las repúblicas italianas
148.- Francia. San Luis. Cruzadas sétima y octava
149.- España. Magreb. Portugal
150.- Prusia. Livonia. Caballeros Teutónicos
151.-Hungría
152.- Inglaterra y Escocia
153.- Idiomas y literatura
154.- Bellas artes
Libro XIII
155.- La imprenta. La pólvora. Otros inventos
156.- Imperio de Oriente
157.- Tamerlán
158.- Fin del imperio de Oriente
159.- España. Expulsión de los Moros
160.- Francia. Felipe el Hermoso
161.- Casa de Valois. La guerra inglesa
162.- Luis XI
163.- Islas Británicas
164.- Imperio occidental
165.- Asuntos eclesiásticos. Gran cisma. Concilios de Constanza y
Basilea
166.- Hussitas. La Hungría
167.- Suiza
168.- Italia. Tiranos. Vísperas Sicilianas . Enrique VII. Roberto de
Nápoles
169.- Desórdenes. Nicolás Rienzi
170.- Los guerrilleros
171.- Toscana. Los Médicis
172.- Las Dos Sicilias
173.- Estado pontificio. Condiciones generales
174.- Ciudades comerciales
175.- Ciudades anseáticas
176.- Escandinavia
177.- Polonia, Lituania y Prusia
178.- Rusia y Capchak
179.- El triunvirato italiano. La otra literatura
180.- Estudios clásicos. Historia
181.- Ciencias
182.- Bellas artes
Libro XIV
183.- Geografía. Viajes antiguos
184.- Comercio antiguo
185.- La brújula. Descubrimientos de los Portugueses
186.- Colón y los primeros descubridores de América
187.- Esclavitud india
188.- Méjico
189.- El Perú
190.- América meridional. El Dorado
191.- Colonias españolas
192.- Misiones. El Paraguay
193.- El Brasil
194.- América septentrional
195.- De la América en general
196.- Los Portugueses en Asia
197.- Holandeses, Daneses, Franceses e Ingleses en Asia
198.- Japón
199.- China. De la dinastía XV a la XXII
200.- El África
201.- Las Antillas. Los Filibusteros
202.- Viajes a los polos
203.- Progresos de la Geografía y de la Náutica. Derecho marítimo
204.- El mundo marítimo. Cook. Viajes polares
Libro XV
205.- Aspecto general. El imperio
206.- Italia. Toscana. El Milanesado. Carlos VIII
207.- Luis XII. Los Borgia. Julio II. Liga de Cambray
208.- Francisco I y Carlos V
209.- Estados musulmanes
210.- Literatura
211.- Bellas artes
212.- Costumbres. Opiniones
213.- La Reforma. Lutero
214.- Consecuencias políticas
215.- Zwinglio. Calvino
216.- Reacción católica. Los Jesuitas. Concilio de Trento
217.- Reformadores italianos
218.- Muerte de Carlos V. Batalla de Lepanto
219.- Los papas después del Concilio de Trento
220.- Holanda y los Países Bajos
221.- España. Portugal
222.- Francia. Los Valois
223.- Los Borbones
224.- Inglaterra. Los Tudor
225.- Alemania. Guerra de los Treinta Años
226.- Suecia y Dinamarca
227.- Polonia. Lituania. Livonia
228.- Literatura jurídica. Teología moral
229.- Erudición e historia
230.- Filosofía especulativa
231.- Ciencias exactas
232.- Literatura neolatina
233.- Literatura del norte
Libro XVI
234.- Aspecto general
235.- Francia
236.- Controversias religiosas
237.- Literatura
238.- Inglaterra
239.- Literatura y filosofía inglesas
240.- Alemania
241.- Los Turcos
242.- Hungría y Transilvania
243.- Península Ibérica
244.- Muerte de Luis XIV
245.- Escandinavia
246.- Polonia
247.- Rusia
248.- Italia. Dominación española
249.- Saboya
250.- Estado Pontificio
251.- Mesina y Génova. Influencia de Luis XIV
252.- La Toscana
253.- Literatura italiana. Bellas artes
254.- Filosofía y ciencias sociales
255.- Ciencias históricas
256.- Ciencias naturales y exactas
Libro XVII
257.- Consecuencias de la paz de Utrecht. Felipe V
258.- Francia. La regencia. Luis XV
259.- El imperio. La Prusia. Federico II. María Teresa
260.- Costumbres. Opiniones. Literatura. Filosofía
261.- Filantropía. Ciencias sociales. Mejoras
262.- Rusia
263.- Escandinavia
264.- Inglaterra. Era de los Jorges
265.- Estados Unidos
266.- La India
267.- Interior de Inglaterra. Doctrinas
268.- El Imperio Germánico
269.- Península Ibérica
270.- Repúblicas de Holanda y Suiza
271.- Italia
272.- Reformas en Italia
273.- Últimos sucesos italianos. Literatura
274.- Bellas artes
275.- Ciencias
276.- Luis XVI. Preliminares de la revolución
Libro XVIII
277.- Revolución francesa
278.- Sucesos de Italia
279.- Progresos de Bonaparte
280.- Bonaparte cónsul y emperador
281.- Despotismo imperial
282.- Tratado de Viena
283.- Cuestiones religiosas
284.- El liberalismo
285.- Turquía y Grecia
286.- América. Colonias
287.- Francia. Nueva revolución
288.- Las penínsulas meridionales
289.- Rusia
290.- Confederación germánica
291.- Suiza
292.- Escandinavia
293.- Imperio británico
294.- Colonias inglesas. La India
295.- China
296.- Turquía. Negocios de Oriente
297.- Literatura. Romanticismo
298.- Ciencias históricas
299.- Bellas artes
300.- Ciencias exactas. Aplicaciones
301.- Ciencias filosóficas y sociales
Apéndice
De los últimos acontecimientos